
AVENTURA POR EL OESTE DE BURKINA
Nos hemos ido de jueves a domingo, de aventura por el oeste de Burkina Faso, donde el verde ya brota con fuerza y la naturaleza se respira en el aire.
Hace tanto calor en Ouagadougou que cuando sales de ella, todo te parece un paraíso, sobre todo en dirección al oeste del país. A mis compañeros franceses de viaje los he conocido aquí en Burkina: Bea, Sophie y Augustin.
EMPIEZA LA AVENTURA:
—Me pregunto si el conductor verá algo con tanto mosquito en el cristal.
Muy pronto por la mañana, para evitar el calor, salimos de la estación de Autobús TCV dirección a Bobo, la segunda ciudad del país. Por suerte viajamos con aire acondicionado, no nos podemos quejar. 360 km, unas 5 horas de ruta si todo va bien y una parada técnica a medio camino de 6 minutos para ir al lavabo rapidito.
¡Venga chicos, que nos vamos de finde!
Llegamos a Bobo al mediodía. Caminamos a pleno sol con las mochilas en la espalda, para por fin sentarnos en un local llamado restaurante (me abstengo a decir el nombre). Tanta hambre hace que nos lancemos a comer el bistec que acaba de llegar a la mesa. Es de esos momentos en que todo lo ves bien. Un bistec recién hecho, un lujo que te hace salivar. Hasta que… Sophie nos avisa de que ha detectado gusanos incrustados en la carne. Todo empieza a coger un tono diferente, observando aquel trozo de carne con caras dignas de haberles sacado fotos… Por lo menos me he tragado unos cuantos ya que son pequeños. ¡Que asco! con el hambre que teníamos.
La ruta acaba de empezar. Nunca mejor dicho, ¡esto es solo el aperitivo!
Vamos a la estación para seguir la ruta hacia Bánfora, una pequeña ciudad muy bonita. El Bus sale a las 15:00h. Otros 80 km, una hora más de caminos de tierra. El Bus se flipa con derrapes constantes a cada lado para evitar los baches que hay en medio de la carretera. Digo yo, que ir un poco más lentos hubiera ayudado pero, aquí es «el mundo al revés». Cuando hay que ir rápido se va lento y cuando hay que ir lento se va rápido. ¡This is Africa! Eso sí, es un constante no parar de reír. Los ocupantes tan tranquilos pelando cacahuetes de bache en bache como si nada.
Llegamos a Bánfora a las 16:00h y con toda la emoción se nos ocurre continuar la ruta hasta los Picos de Sindou. Esta vez en un vehículo tipo camioneta llamado «Taxi Brousse», donde lo normal se desvanece por completo y lo surrealista aparece por todos los rincones.
Dentro del Taxi Brousse

El bebé viajó en mis brazos todo el viaje, aquí los niños se cuidan entre todos. En cada bache le aguantaba la cabecita. Aún y todo, dormía plácidamente.


Augustin pacta precio con uno de los choferes que se pelean por llevarnos, o sea, al final por 2 euros aceptan llevarnos a Sindou, a 45km de distancia. Espero llegar sana y a salvo.
Nos metemos en la camioneta hecha polvo, con telas de araña y termitas en el techo, toda oxidada y los sofás que se van desencajando en cada bache.
Me siento en la fila de detrás, al lado de una ventanilla que sirve también para entrar y salir. Gente va subiendo a medida que avanzamos. En cada parada técnica, cooperamos y cargamos maletas en la vaca. También bajamos para mover un poco los huesos y respirar. Cada vez nos vamos apretujando más para que puedan entrar los máximos posibles. Sin reglas, sin límites, sin aforo y sin espacio, ¡vamos avanzando!
La pista es impresionante. Un camino de tierra rojiza en pleno atardecer con poblados de adobe de la etnia Senoufo a cada lado. Paisaje verde y niños corriendo detrás del taxi; ¡Tubab, tubab! ¡Blancos, blancos!
El Taxi Brousse alcanza una velocidad considerable a la que todos por instinto nos agarramos donde sea, para evitar golpes de cabeza contra el techo, contra la ventana o contra el compañero de al lado. ¡Esto es una aventura!
Los ruidos internos asustan: TACA TACA TACA TAAAA… EL BUS VA TEMBLANDO Y TODA LA OJALATA CHIRRÍA COMO UNA PELI DE TERROR.
No podemos parar de reír. El sofá donde va sentada Sophie y Bea se mueve tanto, como si quisiera salir disparado por la ventana. Me agarro fuerte. El polvo nos va inundando nuestras caras que ya son de color marrón. Imposible cerrar las ventanas porque nos asfixiaríamos. Unas 15 personas dentro, apretadas y sin aire sería imposible. Así que, mejor vamos tragando el polvo de los camiones que nos adelantan.
Por fin llegamos a Sindou a las 19:00h. Encontramos el albergue gracias a la linterna del nokia que nos alumbra el camino. Después de todo un día de trayecto se agradece una ducha a base de un cubo lleno de agua y un pequeño bol para poder mojarte. Una buena cena tradicional que nos preparan y a dormir pronto que mañana nos espera un largo día de visita.
Al día siguiente paseamos por los Picos de Sindou, una ruta guiada muy bonita sobretodo al atardecer, donde la puesta de sol la puedes ver desde de lo alto de un pico.
Treking por los Picos de Sindou








Nuestro guía nos devuelve al albergue donde pasamos otra noche más para esperar a nuestro querido «Taxi Brousse» que sale a las 8:00h de la mañana dirección a Bánfora.
TACA TACA TACA TAAAAAAAAA, TACA TACA TAAAAA…
Llegamos a Bánfora a las 10:00h y nos vamos directos a un hotel mejor, el Canne Sucre, que las habitaciones sin aire acondicionado te salen bien de precio. Delante del hotel alquilamos un par de motos y nos vamos a los Dommes. Unos 5 kilómetros de pista en moto, pasando por poblados rodeados de palmeras y Baobabs. ¡Impresionante! Augustin lleva a Sophie y yo llevo a Bea. ¡Yujuuuu! Me encanta conducir por estas tierras tan vírgenes dónde la libertad la sientes en tu piel de gallina, así que disfruto como una niña pasando por caminos rodeados de cañas de azúcar.
Dejamos la moto aparcada en un punto y caminamos hasta Los Dommes, unas formaciones rocosas donde se realiza un treking hasta llegar a la cascada de Bánfora.
¡Que viene la lluvia!


La vuelta al hotel en moto pasa a ser una aventura de viento, lluvia y charcos que casi nos la pegamos unas cuantas veces. De 40 grados pasamos a 25 grados, congelados como si estuviéramos en pleno invierno, tiritando y con las manos heladas, por fin llegamos empapados al hotel.
A todo esto nos damos cuenta que solo hemos gastado unos 60 euros en total del viaje (transporte, hotel, comidas, visitas, todo incluido.)
Así que la última cena nos la pegamos en el restaurante del Cane Sucre ¡de lujo!
Y al día siguiente: BUS hasta BOBO y más BUS hasta OUAGA.
FIN DEL TRAYECTO. No está mal ¿no?
Etiquetas: aventura, banfora, bobo, cascada, dommes, picos sindou, transporte publico, viaje
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