Entre las mil aventuras que viví en África Occidental, el 7 de enero del 2010 me casé con Moumouni en Burkina Faso por lo civil en el ayuntamiento de Saaba, un barrio de Ouagadougou.
Tenía 29 años y estaba dónde siempre había soñado. Suena a tópico pero esa llamada africana que un día sentí dio un giro a mi vida. Sentía que estaba en mi verdadero camino, conectada con mi esencia. ¿Que más podía pedir?
Si no hubiera sentido esa conexión tan profunda no hubiera vivido todo lo que viví. Y si de algo estoy segura, es que no me arrepiento absolutamente de nada. A pesar de que nuestro matrimonio duró lo que duró. Moumouni hoy día, sigue siendo un gran compañero de vida, unidos por una gran amistad y una preciosa experiencia para toda la vida.
El alcalde de Saaba nos había asignado la fecha, pero antes teníamos que darle una explicación previa y responder a una serie de preguntas. Nos plantamos ahí con ropa informal y rellenamos una ficha técnica en el mismo ayuntamiento;
Una de las preguntas era: Si aceptaba la poligamia SI o NO. Miré a Moumouni para ver qué contestaba antes de poner el NO. Y nos empezamos a reír…
Entonces, pasamos al siguiente paso; los exámenes médicos. ¿Como? Pues sí, tenían que comprobar que estábamos sanos y si nuestros grupos sanguíneos eran compatibles. ¡Alucinante! Sabíamos que nuestros horóscopos eran afines pero ¿el grupo sanguíneo?
TODO EN ORDEN
Ahora sí, volvimos al ayuntamiento con los resultados; Ni virus, ni enfermedades contagiosas y los grupos sanguíneos certificados por un médico.
Nos dio la mano y en tono amigable nos dijo; vale ¡Os podéis casar!
LOS PREPARATIVOS DE LA BODA:
Con la moto me fuí a un taller de costura de 3 metros por 3 para encargar el vestido de novia. Me enseñaron un álbum de fotos descolorido con las opciones que tenía: Falda larga de tubo, top ajustado parecido a un corpiño, foulard a juego… ¡Ostras! Yo solo veía fotos de africanas con un tipazo luciendo esos vestidos que no sé yo si con esa falda tropezaría en plena boda.
Al final, me decidí por un modelo al azar y lo retoqué a mi manera; Me añadieron unos tirantes por si el top se descosía ya que me apretaba demasiado. Me abrieron la falda por abajo añadiendo un trozo de tela (de otro color, porque los metros de la original ya no quedaban) para poder caminar mejor… y así configuré mi vestido de novia con telas tradicionales típicas del país.
A Moumouni solo le di una pista: Los colores del vestido eran blancos y azules. ¡Para ir iguales!
Una vez tenía el vestido confeccionado, me lo llevé en la moto en una bolsa de plástico colgada del manillar. Cogí las calles de tierra como siempre pero aquel momento fue realmente especial. ¡Vaya tela! ¿Quien diría que aquí llevo un vestido de novia? ¡Increíble! ¿Si mi familia me viera? Me reía a carcajadas conduciendo por las calles polvorientas.
De camino, aproveché para parar en un mercado de zapatos. Bufff madre mía, no podían ser más incómodos; de plástico duro adornados con tachuelas plateadas y doradas. ¡Eso sí que no! Por ahí no paso. Me salió la vena barcelonesa. Compré dos pares por si acaso pero le pedí a mi madre que me trajera unas espardeñas blancas de barcelona. Y me casé con ellas la mar de cómoda. Además mi madre me trajo también unos pendientes que fueron el toque final que salvaron el momento.
Moumouni tenía su traje ya preparado pero me confesó que no le gustaba mucho. Bueno no pasa nada, le tranquilicé. Mientras, pensaba; ¿Cuando veas el mío?
Otro tema fue escoger la decoración del evento. Habíamos decidido celebrar la ceremonia como se celebran allí las bodas, en el patio de la casa familiar, pero cuando me enseñaron otro álbum de fotos descolorido para escoger el atrezzo, las opciones esta vez fueron dos; globos azules y rojos (me negaba a casarme de Blaugrana) o globos blancos y azules (me decanté por el equipo Español). Ya veréis en las fotos cual fue el resultado…
Las invitaciones al final decidimos no imprimirlas. Normalmente la gente que se entera de una celebración se auto invitan aunque no los conozcas de nada. Ya que la esencia del evento es compartir la alegría e invitar hasta que se acabe la comida. ¡Suerte que no las imprimimos!
Mi familia estaba hospedada en un hotel céntrico de Ouagadougou, justo el día antes de la boda por casualidad vi un traje super chulo en la tienda souvenir del hotel. Lo compré sin pensarlo dos veces. Era el traje perfecto para Moumouni. Blanco y azul, de la misma tela. ¡Le encantó! Una vez más, África me demostraba que al final todo fluye, hasta en el último minuto.
El mismo día del evento, me peinó una peluquera francesa en el mismo hotel. Y así empezó el GRAN DÍA.
Me subí al coche de boda (decorado con globos) con mi hermana al lado, que era la madrina. Los invitados nos seguían detrás en sus coches (aquí vamos todos en piña hasta el ayuntamiento). De repente una intuición me invadió por completo y le pregunté al chófer: —¿Dónde está mi madre? El conductor me decía muy tranquilo que iba en el coche de detrás pero yo me giré y ahí no estaba. A la tercera vez que pregunté y no parecía encontrar respuestas claras, paré a todos, y en medio de las calles polvorientas bajé del coche. Empecé a buscarla y a preguntar por los coches ¿Donde está mi madre? Alucinante. Se la habían olvidado en el hotel. No os podéis imaginar la escena surrealista que se formó:
Recordé que le había dejado mi móvil para no tener que llevarlo encima. La llamé y gracias a dios me contestó; —Hija, yo he venido aquí a tu boda no? Pues he pillado un taxi y creo voy a llegar.
Todo esto parece sencillo pero literalmente mi madre estaba perdida en una ciudad caótica sin saber a dónde iba. Y su taxista también estaba perdido. Hablé con el Taxi Man que la llevaba y entre unos cuantos intentamos explicarle dónde estábamos (evidentemente sin GPS ni google maps). Mientras, mal aparcados y en fila india casi en la cuneta, los vendedores ambulantes iban pasando para ofrecernos souvenirs. Recuerdo ver a mi hermana regateando, mientras esperábamos que mi madre apareciera. ¡ESPECTACULAR!
Finalmente entre la polvareda apareció uno de esos taxis que tanto cariño les tengo, de color verde y hechos polvo y mi madre dentro de él.
Ahora sí… ¡Estamos todos! Hasta llegar al ayuntamiento, dónde mi padre me entró de la mano. Y a partir de ahí, me dejé llevar y disfruté de todas las anécdotas del día;
Apenas conocíamos a un 30% de los invitados, el resto eran espontáneos. Mi padre se subió a una moto con dos personas más y se dio una vuelta por el barrio. Cris se añadió a la moto y se fueron 4 en ella! El fotógrafo se quedó sin batería y mi hermana tuvo que cubrir el evento con su cámara… Mi madre se desmelenó y bailó como una loca.
¡Un día que jamás olvidaré!
¡Coche de boda y amigos motoristas!En el ayuntamiento a punto de entrar con mi padre
Recién casados
Super traje de Moumouni ¡Le quedaba genial!
De Barcelona a Burkina. ¡Gracias por venir!
Bandejas para el resto de invitados o no invitados…
¡Vivan los novios!
¡La percusión y el baile que no falte!
Mamá ¿Qué haces con un pañuelo en la cabeza? ¡Nada hija que quiero integrarme!
Sonrisa africana en esencia
Papá ¿A dónde vas? ¡Hija voy a la mezquita, solo van hombres, ya te contaré!
Grupete de amigos
¡Energía de madre!
Segundo traje a conjunto ¡Hecho en Burkina!
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